Habitar el Sur: un viaje por la memoria, el paisaje y la identidad andaluza

Habitar el Sur: una cartografía contemporánea del territorio andaluz

¿Qué significa realmente habitar un lugar?

Vivimos en una época marcada por el movimiento. Cambiamos de ciudad, de país, de profesión o de forma de vivir con una facilidad desconocida para generaciones anteriores. Sin embargo, mientras el mundo nos empuja constantemente hacia el siguiente destino, pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué significa permanecer, construir vínculos o sentir que un territorio también nos transforma.


Desde esta reflexión nace Habitar el Sur, una exposición que forma parte del proyecto Habitando el Viaje y que propone mirar Andalucía desde una perspectiva alejada de los tópicos y las representaciones folclóricas. El sur deja de ser un escenario para convertirse en una experiencia: un territorio donde la memoria, el paisaje, la luz, la materia y las personas construyen una identidad compartida.


La exposición reúne el trabajo de María José Montañés, Beatriz Martín, Antonio Morales, Gianella Libonatti, Pilar Rodríguez Rivas y Javier Flores, cuyas prácticas transitan entre el grabado, la fotografía, el papel artesanal y la escultura. Aunque cada artista desarrolla un lenguaje propio, todos parten de una misma inquietud: comprender cómo los lugares que habitamos terminan modelando nuestra forma de mirar el mundo.


El recorrido expositivo se articula en cuatro capítulos curatoriales que invitan al visitante a recorrer distintas maneras de relacionarse con el territorio. Desde la huella que permanece en la materia hasta la presencia física del cuerpo en el espacio, cada sección construye una lectura complementaria sobre la identidad, el paisaje y la pertenencia.


Más que un itinerario por disciplinas artísticas, Habitar el Sur propone una cartografía emocional donde el territorio se revela como una experiencia sensible capaz de transformar nuestra percepción y nuestra memoria.


I. HUELLA Y MEMORIA

Grabado

María José Montañés · Beatriz Martín

En la exposición, el grabado representa el territorio de la memoria. En estas obras, la imagen no surge únicamente como representación, sino como huella: una inscripción física donde el tiempo, la repetición y el gesto permanecen adheridos a la materia. La técnica gráfica introduce así una reflexión sobre el arraigo, la permanencia y las emociones, estableciendo un diálogo profundo entre creación artística y territorio habitado.


Las piezas de María José Montañés y Beatriz Martín se sitúan en un espacio donde lo íntimo y lo matérico convergen. A través de texturas, superposiciones y procesos de impresión, ambas artistas construyen un lenguaje visual que remite a las capas invisibles del paisaje: la memoria cultural, las marcas del tiempo y las formas en que los lugares terminan configurando nuestra identidad.


El grabado posee además una dimensión simbólica especialmente vinculada al concepto curatorial de la muestra. La matriz, origen de la imagen reproducida, funciona aquí como metáfora del territorio: superficie que conserva rastros, experiencias y sedimentaciones emocionales. Cada impresión se convierte en un eco del gesto inicial, del mismo modo que los espacios habitados conservan las huellas de quienes los atraviesan.


En el contexto de Habitar el Sur, estas obras abren el recorrido desde una mirada contenida y silenciosa. Frente a la velocidad de la imagen contemporánea, el grabado reivindica el tiempo lento del proceso, la atención al detalle y la relación física con los materiales. La repetición manual, la presión sobre el soporte y la construcción paciente de la imagen establecen una conexión directa con formas de creación vinculadas a la permanencia y al cuidado.


Más allá de su dimensión técnica, las obras plantean una cartografía sensible donde el paisaje no aparece descrito literalmente, sino evocado a través de la materia, la textura y la memoria visual. El territorio se revela así como experiencia interior: un lugar que deja marcas, transforma la mirada y permanece inscrito en quienes lo habitan.

Culpa (2022). María José Montañés

Acogida (2025). Beatriz Martín

II. MIRADAS DEL TERRITORIO

Fotografía

Antonio Morales · Gianella Libonatti 

La fotografía ocupa en Habitar el Sur un espacio de observación y desplazamiento. Las imágenes reunidas en esta sección no buscan documentar el territorio desde una mirada descriptiva o turística, sino explorar las formas en que el paisaje condiciona la experiencia humana y transforma la percepción de quienes lo habitan.



Las obras de Antonio Morales y Gianella Libonatti construyen aproximaciones diversas al sur contemporáneo: un territorio atravesado por la luz, el silencio, la memoria y las tensiones entre lo íntimo y lo colectivo. Sus fotografías se sitúan en un lugar intermedio entre presencia y ausencia, entre lo visible y aquello que permanece suspendido en la atmósfera.



En este contexto, el paisaje deja de funcionar como fondo o escenario para convertirse en un espacio emocional. La arquitectura, los cuerpos, los vacíos, la vegetación o la incidencia de la luz aparecen como elementos capaces de revelar modos de vida, ritmos y estados de pertenencia. El territorio se entiende aquí como experiencia sensible antes que como geografía concreta.



Las distintas miradas fotográficas reunidas en la exposición dialogan también con la realidad contemporánea de pueblos como Gaucín, donde conviven tradición local y nuevas identidades culturales surgidas de la migración y el desplazamiento vital. El sur aparece entonces como espacio de acogida y transformación, un lugar donde diferentes trayectorias personales encuentran nuevas formas de arraigo.



A través de composiciones contenidas, atmósferas suspendidas y una atención especial a los ritmos del entorno, las obras proponen una experiencia visual basada en la contemplación. Frente a la saturación de imágenes contemporáneas, esta sección reivindica otra manera de mirar: más lenta, más cercana al silencio y profundamente conectada con la experiencia de habitar.



La fotografía se convierte así en una herramienta para pensar el territorio desde la sensibilidad y la memoria, revelando aquello que muchas veces permanece invisible: la relación afectiva entre las personas y los lugares que transforman su manera de vivir y de mirar el mundo.

Aurea I (2023). Antonio Morales

Tipografía 3 (2026). Gianella Libonatti

III. LA MATERIA DEL PAISAJE

Papel artesanal

Pilar Rodríguez Rivas

En Habitar el Sur, el trabajo de Pilar Rodríguez Rivas introduce una dimensión profundamente orgánica y matérica dentro del recorrido expositivo. A través del papel artesanal, la artista establece una relación directa entre creación, naturaleza y territorio, situando el proceso manual como parte esencial de la obra.

La elaboración del papel implica tiempo, transformación y contacto físico con la materia. Las fibras vegetales, las texturas y los procesos de manipulación convierten cada pieza en un cuerpo sensible donde permanece inscrita la memoria del gesto. Más que soporte, el papel aparece aquí como territorio en sí mismo: superficie viva capaz de contener huellas, ritmos y sedimentaciones.

Esta dimensión material conecta de manera directa con la idea curatorial de habitar el sur desde la experiencia y la permanencia. Frente a los procesos industriales y a la aceleración contemporánea, las obras reivindican una relación más lenta y consciente con los materiales, con el entorno y con los ciclos naturales. La práctica artesanal se convierte así en una forma de resistencia sensible y de atención al paisaje.


Las piezas dialogan con elementos esenciales del territorio andaluz: la luz, la sequedad, la fragilidad de la naturaleza mediterránea y la presencia constante de lo orgánico. Sin necesidad de representar explícitamente el paisaje, las obras contienen su memoria física y atmosférica. La materia funciona como extensión del entorno, como si el propio territorio permaneciera adherido a las fibras del papel.

Dentro del recorrido expositivo, esta sección actúa como un espacio de pausa y contemplación. Las obras invitan a observar los detalles mínimos, las irregularidades y las variaciones de la superficie, generando una experiencia íntima y táctil que desplaza la atención desde la imagen hacia la presencia física de los materiales.

El trabajo de Pilar Rodríguez Rivas propone así una reflexión sobre la relación entre arte y naturaleza desde la proximidad y el cuidado. En sus piezas, habitar el sur significa también reconocer la dimensión sensible de la materia y comprender el paisaje como algo que no solo se observa, sino que se toca, se transforma y permanece.

Silencio interior III (2026). Pilar Rodríguez Rivas

IV. CUERPO Y PERMANENCIA

Escultura

Javier Flores

La escultura introduce en Habitar el Sur la dimensión física del territorio. Frente a la imagen bidimensional, las obras de Javier Flores ocupan el espacio desde la presencia, el peso y el volumen, estableciendo una relación directa entre cuerpo, materia y paisaje.

Sus piezas dialogan con conceptos como equilibrio, permanencia y transformación. A través de formas contenidas y materiales que remiten a lo orgánico o mineral, la escultura construye una reflexión sobre aquello que permanece incluso en contextos marcados por el cambio y el desplazamiento. La materia aparece aquí como memoria tangible del territorio.

Dentro del recorrido curatorial, las esculturas funcionan como puntos de anclaje espacial. No solo son observadas: condicionan el movimiento, la percepción y la experiencia del visitante dentro de la sala. Esta presencia física refuerza una de las ideas centrales de la exposición: habitar implica también ocupar el espacio, establecer una relación corporal con el entorno y construir formas de permanencia.



Las obras de Javier Flores evitan la monumentalidad para situarse en un lugar más íntimo y silencioso. Sus volúmenes parecen surgir del paisaje o dialogar con él desde la contención y la esencialidad formal. En este sentido, la escultura no representa el territorio, sino que comparte con él cualidades como la densidad, la erosión, el equilibrio o la resistencia.

La relación entre cuerpo y paisaje adquiere además una dimensión simbólica dentro del contexto de Habitar el Sur. En un momento marcado por el movimiento constante y la fragilidad de los vínculos con el lugar, las esculturas plantean preguntas sobre la necesidad humana de arraigo, permanencia y contacto físico con el entorno.

A través de la materia y del espacio, esta sección cierra el recorrido expositivo desde una experiencia sensorial y contemplativa. Las obras invitan a pensar el territorio no únicamente como geografía, sino como presencia viva capaz de transformar la relación entre las personas, el espacio y el tiempo que habitan.

Del tiempo arboreo (2025). Javier Flores



Un recorrido para volver a mirar el sur

A lo largo del recorrido, el visitante descubre que el territorio no aparece representado de manera literal. No encontramos una Andalucía convertida en postal ni un paisaje reducido a sus símbolos más reconocibles. Lo que emerge es un sur construido desde la experiencia cotidiana, desde las huellas que deja el tiempo sobre la materia, desde la luz que transforma los espacios y desde las relaciones humanas que convierten un lugar en hogar.

Cada disciplina aporta una capa diferente a esta lectura. El grabado habla de memoria; la fotografía, de la mirada; el papel artesanal, del tiempo y la materia; y la escultura, de la presencia física del cuerpo en el territorio. Juntas, estas propuestas configuran un relato donde el paisaje deja de ser un fondo para convertirse en un protagonista silencioso.

En un momento en el que los territorios tienden a simplificarse en imágenes rápidas y discursos estereotipados, Habitar el Sur reivindica la complejidad de Andalucía como un espacio vivo, diverso y en constante transformación. Un lugar donde conviven quienes siempre han estado y quienes han decidido llegar, donde tradición y contemporaneidad dialogan sin perder su identidad.


Quizá esa sea la verdadera invitación de esta exposición: comprender que habitar no consiste únicamente en ocupar un espacio, sino en dejar que ese espacio nos transforme.


Porque todos pertenecemos a algún lugar. Y, al mismo tiempo, todos estamos construyendo el próximo territorio que llamaremos hogar.

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Habitar el Sur: cuando el arte contemporáneo convierte Andalucía en un territorio de encuentro